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Lugares por descubrir

El Zarcillo, 25 años después: vino, cocina canaria y una evolución en silencio

Hay restaurantes que celebran los aniversarios mirando al pasado, y otros que aprovechan la efeméride para confirmar que siguen teniendo algo importante que decir. Hoy en nuestros Juernes de Por Fogones le vamos a dedicar el espacio a la nueva etapa de El Zarcillo “by” Génesis Fernandez. El Zarcillo pertenece a esa clase de restaurantes que cumple 25 años mirando con respeto al pasado pero con ilusión al futuro. Con el aplomo que tiene su nuevo propietario, Génesis Fernández, que ha cogido el testigo de Mario Reyes, quien lo abrió hace 25 años, pero que lo hace con la serenidad de los lugares que ha mamado desde hace 12 años, sabiendo resistir, afinarse y no perder nunca su esencia: la del vino como idioma propio y la de una cocina canaria leal a su territorio, pero sin quedarse quieta. Génesis Fernández El cambio de manos no ha alterado esa identidad, más bien la ha consolidado. El local ha pasado a ser propiedad de quien ya era su chef, Génesis Fernández, grancanario nacido en La Isleta, un cocinero formado en la isla y con una trayectoria que ha ido creciendo sin estridencias, a base de trabajo, regularidad y una fidelidad absoluta al producto local. Ese crecimiento, discreto pero constante, lo coloca hoy entre los cocineros con más fidelidad al recetario tradicional canario que podemos encontrar en toda la isla de Gran Canaria. El Zarcillo nació como enoteca y esa vocación sigue siendo su gran seña de identidad. Mario Reyes lo imaginó como un espacio donde el vino tuviera un protagonismo central, con una carta amplia, un servicio cuidadoso y una experiencia que uniera placer y aprendizaje; esa filosofía permanece intacta. La casa sigue entendiendo el vino no como un acompañamiento, sino como parte esencial del relato gastronómico. Esa alianza con el vino sigue plenamente vigente y encuentra continuidad natural en la relación con Vinófilos y Mario Reyes, un vínculo que forma parte del ADN del proyecto. En El Zarcillo, el vino no decora: estructura tanto en botella como por copas. Y eso, en una isla donde muchas mesas todavía tratan el maridaje como un accesorio, marca una diferencia clara. Vinos  La cocina de Génesis Fernández es cada vez más reconocible porque no necesita levantar la voz para imponerse. Trabaja desde el producto local, con una mirada contemporánea, y deja que sean el sabor, la técnica y el detalle los que hablen por él. En ese sentido, El Zarcillo sigue fiel a una idea muy canaria de la cocina: fondo, producto, memoria y cierta naturalidad en el gesto. Y en la mesa eso se traduce en platos que conectan con el territorio y con la emoción. Su entrante en forma de falafel ya es motivo suficiente para sentarse, porque resume bien esa voluntad de sorprender sin romper el equilibrio de la casa. A eso se suma el pan de puño de Amaro, de Ingenio, una decisión aparentemente pequeña que dice mucho de cómo se cuidan aquí los detalles, incluida la mantequilla, artesanal y elaborada en estas cocinas. Pan de puño de Amaro, mantequilla y Falafel de bienvenida  La carta combina clásicos muy reconocibles con sugerencias fuera de carta que justifican la visita. Ahí siguen piezas ya míticas como la Tortilla de Ibéricos, elaborada al momento, o la ensaladilla rusa de la casa, dos platos que ayudan a entender por qué El Zarcillo ha sabido fidelizar a su clientela sin renunciar a una cierta comodidad gustativa.  Tortilla Ensaladilla Pero no sólo de recuerdos vive El Zarcillo, en estos días aparecen fuera de carta memorables como las arvejas de Santa Brígida con yema de huevo. Mención aparte merece la ropa vieja marina, elaborada con pescado desalado y trabajada con una lógica casi doméstica, como si recogiera la memoria de las sobras de un sancocho, pero llevada aquí a un terreno fino y muy bien resuelto.  En esta ocasión, la presencia de lubina Aquanaria eleva aún más el plato y lo sitúa en ese punto en el que tradición y técnica se dan la mano sin impostura. Arvejas Ropa Vieja Marina  El remate dulce mantiene el nivel. La crème brûlée resulta sabrosa y bien ejecutada, pero son los huevos moles los que dejan una huella más personal y emotiva, porque recuperan un postre autóctono que a muchos nos devuelve a la infancia. Esa capacidad de activar la memoria sin caer en la nostalgia fácil es, en realidad, una de las virtudes más sólidas de El Zarcillo. Huevos Moles En un panorama gastronómico a menudo dominado por el ruido, El Zarcillo sigue apostando por otra cosa: constancia, criterio y una identidad clara tanto en cocina, como en una sala que trabaja con la misma finura, elegancia y saber estar que transmiten sus platos. Fady sigue transmitiendo magia con su sonrisa y saber estar, es de esos camareros, que como dice Pitu Roca, transmite felicidad y eso llega al comensal. FOTO 9 Fady Tras 25 años, el restaurante no solo sigue en pie; sigue teniendo sentido. Y en esa continuidad silenciosa está también su fuerza. Por otros 25 años más.

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Pomodoro & Mozzarella (Triana): el gran tapado de la cocina italiana en Las Palmas de Gran Canaria

En silencio, casi sin hacer ruido, la casa que regentan Riccardo Borello y Antonio Cazorla, están llevando con paso firme la cocina italiana con las pizzas como protagonistas a un excelso lugar en la capital grancanaria. Hay restaurantes que llegan sin hacer demasiado ruido y terminan siendo, en pocas visitas, una referencia irrenunciable. Pomodoro & Mozzarella, en plena calle Triana de Las Palmas de Gran Canaria, es exactamente eso: uno de los grandes tapados de la gastronomía italiana insular, un proyecto que mezcla el alma de la tradición napolitana con el pulso joven y ambicioso de quienes lo sostienen. Por un un lado, Riccardo Borello, el empresario calabrés que llegó a Gran Canaria hace más de una década para llevar adelante la marca Pomodoro & Mozzarella, hoy con presencia tanto en Triana como en Maspalomas. Por el otro, Antonio Cazorla, el pizzaiolo grancanario que en 2026 ha confirmado lo que venía anunciando: su consagración definitiva como el mejor hacedor de pizza napolitana del archipiélago. FOTO 1 Ricardo Borello y Antonio Cazorla  Cazorla revalidó en GastroCanarias 2026 el título de Mejor Pizza Napolitana del 7º Campeonato de Canarias de Pizza Gran Premio IF&B Grupo Comit, galardón que ya había conquistado el año anterior. No se trata de un premio honorífico ni de una casualidad: su pizza sobresalió por la autenticidad de la masa, y fue también reconocida con el galardón a la Mejor Imagen del certamen. Dos años consecutivos en lo más alto del podio no es suerte; es oficio, criterio y una comprensión profunda de lo que debe ser la pizza napolitana canónica. La propuesta de Pomodoro & Mozzarella es coherente de principio a fin. Sin artificios, sin fusiones innecesarias, sin concesiones al gusto fácil. La cocina italiana entendida como disciplina: cada receta tiene un porqué, cada ingrediente justifica su presencia. La estrella indiscutible de la visita en estos momentos es La Campionessa, la pizza con la que Antonio Cazorla ganó el Campeonato de Canarias de Pizza 2026 en la categoría napolitana. Disponible ahora en exclusiva en el local de Triana, es una pizza que resume lo mejor de su autor: masa de fermentación lenta, bordes altos y aireados —el cornicione napolitano en su expresión más pura—, ingredientes de primer nivel y un equilibrio de sabores que justifica el galardón por sí solo. El que quiera entender qué significa hoy la pizza napolitana en Canarias tiene aquí su referencia. La Campionessa Pero La Campionessa no vive en soledad. La Regina 2025 es ya un clásico de la casa: fonduta de parmesano, fior di latte, guanciale, cebolla morada, miel y almendras tostadas, ganadora del certamen canario el año pasado, una combinación que transita entre lo dulce y lo umami con una elegancia nada forzada. La Costa di Amalfi despliega un lienzo de tomates amarillos, fior di latte, aceitunas taggiasche, anchoas, stracciattella, albahaca cristalizada y ralladura de limón —campeona de Canarias 2022— y recuerda que la costa italiana no se improvisa. Y la Carbonara, con guanciale crujiente, yema de huevo, pecorino romano y pimienta negra, demuestra que los romanos también tienen algo que decir cuando llegan a Triana. El nivel general de las pizzas es, sin exageración, de los más altos que se pueden encontrar hoy en el archipiélago. La masa —artesanal, de procesos cuidadosos— es el hilo conductor: ligera, digestiva, con ese carácter levemente ahumado del horno que transforma cada bocado.Y ya les confirmo que bien para comer en el local (lo ideal siempre) o para llevar, algo que siempre sabe mucho, se han convertido en mis favoritas de la ciudad. Pizza Carbonara para llevar Si las pizzas son el argumento principal, las pastas son el contrapunto que redondea la visita. La Carbonara merece mención aparte: elaborada según los cánones romanos, sin nata, con la emulsión de yema y pecorino que exige la tradición, no tiene nada que envidiar a lo que se puede encontrar en cualquier trattoria del Trastevere. Es un plato que delata que la cocina aquí entiende los códigos y no los transgrede sin motivo. La Tagliatelle alla Coda alla Vaccinara es quizás la apuesta más sorprendente del apartado: rabo de toro lentamente guisado, ralladura de chocolate negro, fonduta de parmesano y perejil. Una receta de raíz romana que llega a Triana en plena forma, con esa profundidad de sabor que solo da la cocción lenta y el respeto por la receta original. Un plato para el recuerdo. La pasta corta con pulpo —que en esta visita se pidió sobre spaghetti, adaptación que la cocina acepta sin problema— sumó otro punto a favor. El pulpo salteado sobre tomate cherry, perejil y aceitunas taggiasche construye un plato de mar mediterráneo con sabor limpio y ejecutado con precisión. La Tagliatelle alla Coda alla Vaccinara El capítulo dulce no desentona. Los dos tiramisú—el clásico y el de pistacho— son apuestas seguras y bien resueltas: el bizcocho bien empapado, la crema con cuerpo, el equilibrio entre el amargor del café y la dulzura controlada. El de pistacho aporta ese toque contemporáneo que marca tendencia sin traicionar el original. La crema bruciata cierra la mesa con un clásico bien dominado: vainilla, cítricos y azúcar caramelizado al momento. Sin pirotecnia, con honestidad. Tiramisú Pistacho Crema Bruciata  Pomodoro & Mozzarella Triana es hoy uno de los restaurantes italianos más serios de Las Palmas de Gran Canaria. La suma de un proyecto empresarial consolidado, de la mano de Riccardo Borello, con el talento certificado y bicampeón de Antonio Cazorla, da como resultado una propuesta donde cada plato tiene sentido, cada ingrediente cumple su función y el precio —entre 30 y 45 euros por persona con entrantes, postre y vino— no solo no echa para atrás sino que invita a volver. Es un sitio para repetir, para seguir explorando su carta y para ir tachando pizzas y pastas que todavía quedan pendientes. La cocina italiana de la capital grancanaria tiene aquí, ahora mismo, una de sus cartas más fuerte sobre la mesa. Se encuentra en la calle Triana 6B, cierran únicamente los martes y su instagram

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La madurez identitaria de Los Guayres: Ruyman González consagra el recetario canario en la alta cocina

El restaurante con Estrella Michelin desde el año 2019 del Hotel Cordial Mogán Playa consolida una ilusionante etapa donde el recetario popular —del sancocho al estofado de cabra— alcanzan una dimensión sublime, respaldados por la impecable labor de Mari Pino Pérez en sala y bodega. Hay transiciones que no solo garantizan la continuidad de un proyecto consolidado, sino que suponen un auténtico salto cualitativo hacia adelante. En el sur de Gran Canaria, en el remanso de calma que cobija al Hotel Cordial Mogán Playa, Los Guayres ha abierto una nueva y brillante etapa con Ruyman González al frente absoluto de sus fogones.  Quien durante años ha sido un gregario de lujo en grandes cocinas de la isla, asume el timón con una seguridad pasmosa y, sobre todo, con una convicción clara: la alta gastronomía canaria ya no puede conformarse únicamente con recurrir al producto de cercanía; debe atreverse a mirar de frente a su memoria, a sus platos de siempre, y reinterpretarlos con maestría técnica y elegancia sin complejos. La experiencia arranca con una batería de aperitivos de bienvenida concebidos como una declaración de intenciones geográfica. En estos primeros bocados, Ruyman propone un sugerente paseo sensorial por la orografía grancanaria: desde el salitre y la frescura de nuestras costas y charcos hasta los aromas húmedos y terrosos de las medianías y la cumbre. Un prólogo vibrante que despierta el paladar y sitúa al comensal en el territorio antes de dar paso al menú degustación principal. La primera secuencia marina despliega finura y equilibrio a través del carabinero con vinagre macho y salpicón o la precisión del atún rojo acompañado de beterrada y altramuces (chochos en Canarias). Platos limpios, estéticos y afinados donde el producto brilla con luz propia y las ganas de rebañar cada plato salta en cada plato, especialmente en ese carabinero del que se aprovecha “hasta los nadares”.  Sin embargo, el verdadero golpe de autoridad del menú llega cuando Ruyman González decide meter la cuchara en el alma del recetario tradicional de las Islas, de ahí que separe cada pase con su protagonismo y descripción concreta, seguro que llevando a cada lector a esa versión del plato que todos hemos comido en casa alguna vez: En el tramo dulce encontramos una ejecución impecable y un evidente dominio técnico. El prepostre de tomates cherry, vainilla Tahití, queso de Flor y albahaca limpia y refresca con gran armonía, mientras que la propuesta de croissant de Colomar, roscas y leche de cabra demuestra un juego de contrastes y texturas sumamente goloso. No obstante, y desde una crítica constructiva y cómplice, este pase final se percibe algo distanciado de la contundente narrativa identitaria construida durante toda la parte salada. Con el nivel de madurez que exhibe la cocina de Ruyman, Los Guayres tiene ante sí la oportunidad de redondear la experiencia apostando por homenajear los dulces y meriendas de nuestra infancia —esa «meriendita» canaria o el legado repostero regional donde se me ocurren elaboraciones como el Príncipe Alberto, el Barraquito o la Trucha de Batata— para mantener encendida la llama del relato territorial hasta el último de los petit fours. El discurso gastronómico de Los Guayres no alcanzaría semejante altura sin el trabajo de Mari Pino Pérez como sumiller y jefa de sala. Su progresión al frente del comedor es imparable: combina una calidez cercana y natural con el rigor propio de los grandes templos gastronómicos. Su propuesta de maridaje (siete copas a 75 €) es un viaje emocionante y sumamente inteligente aunque nosotros nos decantamos por una botella que entra directamente a mi TOP 3 de vinos degustados este año, Eulogio Pomares maceración con pieles.  Mari Pino ha construido una bodega donde conviven con orgullo auténticas joyas enológicas de las distintas denominaciones de origen de Canarias junto a grandes referencias y etiquetas de culto del panorama internacional. Cada pase encuentra en la copa una armonía precisa que ensalza el bocado sin restarle protagonismo. La nueva etapa de Los Guayres es una magnífica noticia para el panorama gastronómico de Gran Canaria y de todo el archipiélago. Ruyman González ha dado ese necesario paso al frente con valentía, técnica y un profundo respeto a sus raíces, demostrando que el recetario popular canario tiene reservado un lugar de honor en la más exigente alta cocina. Ficha práctica Si les apetece pueden seguirnos en Instagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

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BEVIR By LOPESAN, una propuesta con marcado sello propio, el de la excelencia.

Germán Ortega impone su magisterio en la Champions League gastronómica de la alta cocina durante su recién estrenada etapa en el Hotel Lopesan Costa Meloneras en una propuesta digna de conseguir el ansiado reconocimiento de la Estrella Michelin. Existen restaurantes donde se come y bebe bien y lugares donde, desde el momento en que se cruza el umbral, se percibe la vibración inconfundible de los proyectos llamados a hacer historia. El «nuevo» BEVIR By LOPESAN pertenece a esta última categoría. La alianza entre el grupo hostelero y el chef Germán Ortega no es un mero cambio de rotulación ni un lavado de cara cosmético: es una declaración de intenciones en toda regla para posicionar el sur de Gran Canaria en la cúspide de la gastronomía nacional. En este Juernes de Por Fogones les contamos en exclusiva y primicia lo que es la nueva propuesta destinada a brillar con luz propia en el sur grancanario. German Ortega y Diego Tornel Lo primero que impacta al acomodarse en el comedor es el extraordinario trabajo de reacondicionamiento del espacio. El nuevo revestimiento interior ha logrado una insonorización prodigiosa, aislando por completo al comensal del murmullo y del trajín exterior. El entorno urbano y del resort se desvanece, transformándose apenas en un lejano e imperceptible hilo musical de fondo. Esa calma acústica genera una atmósfera de confortabilidad absoluta, ideal para centrar todos los sentidos en lo que ocurre sobre la mesa. Y sobre el lienzo de la sala, la ejecución es sencillamente magistral. La dirección del servicio corre a cargo de Diego Tornel, flamante Mejor Sumiller de España 2026. La sincronía de la sala, la calidez en el trato, la precisión milimétrica en los tiempos de cada pase y la maestría en el manejo de las temperaturas y referencias de una bodega cuidada con devoción convierten la experiencia en un auténtico ballet de alta hostelería. Sidra Grancanaria  Para quienes siguen la trayectoria de Germán Ortega —referente indiscutible de la alta cocina en Gran Canaria—, el menú degustación Amurga es un alarde de madurez conceptual. Aquí la cocina creativa no busca la pirotecnia vacía, sino la concentración de sabor y el guiño honesto a los paisajes de la isla. El viaje arranca en la cumbre con Trashumancia, un homenaje a los montes y pastos insulares que se manifiesta en refinados bocados como la combinación de Arándanos y Queso Flor, la delicia de Ovejita y un impecable Buñuelo de Queso Lomo del Palo.  Sin solución de continuidad, el menú desciende a la costa con Anzuelo, una oda a la pesca artesanal donde sobresalen la Caballa con sofrito ahumado y eneldo, la finura del Medregal con aguacate y el fondo reconfortante de la Sardina y el Mejillón en caldo tradicional. Anzuelo  Ya entrados en materia en el bloque de Enyesque, la propuesta alcanza cotas estratosféricas. La Pera con Huevas y Clavo es un ejercicio insólito de armonía y contraste mar-tierra que perdura en el recuerdo. Me vino a la mente un plato icónico de Pedrito Sánchez (Bagá, Mejor Cocinero Año 2026 para la Real Academia de Gastronomía de España) donde la pera cobra vida propia en esta ocasión con la piel de la anguila.  Le sigue el memorable Camarón de Veneguera (acompañado de acedera y colinabo), crustáceo traído directamente de la finca familiar de la propiedad en Veneguera, verdadera despensa viva que provee al menú de una variedad envidiable de frutas y verduras locales. Redondea la secuencia un sabrosísimo pase de Cochino negro con higos y mojo donde nada parece lo que es y no les voy a quitar la sorpresa que se llevarán.  Pera Camarón de Veneguera El recorrido por nuestros mares despliega un deslumbrante Atún con Caviar y Caldo marino, seguido de una jugosa Sama Roquera y dados de calamar fermentado con Koji. Sin embargo, la cúspide emocional en la cocina de cuchara llega en el apartado de Tradición: la Sopa de Pichón con sus garbanzos, patas y cebollitas es, sencillamente, una obra de arte. Un plato con una hondura vegetal y cárnica descomunal que sublima la memoria del recetario popular con la elegancia de los grandes clásicos europeos. Un plato que, junto al Camarón de Veneguera, justifica por sí mismo la visita al restaurante. Sama Roquera Sopa de Pichón. En el tramo final, la Cocina Dulce mantiene intacto el nivel y el ingenio. Aún retumba en el paladar la sorpresa juguetona de ¿Dónde Está la Pelotita?, un postre lúdico y goloso que dibuja una sonrisa en el comensal.  Le sigue el sutil tributo cumbrero del Flor de Guía con miel ácida y ciruelas de medianía, cerrando con la elegancia de la combinación de Chocolate, Gofio y Calabaza. ¿Donde está la pelotita? Capítulo aparte merece la sala en su conjunto y la propuesta líquida orquestada por Diego Tornel, donde la Sidra de Gran Canaria Tuscany Brut Nature NV, la frescura de O Estranxeiro 2024, la complejidad andaluza de La Escribana 2024 o la personalidad de Oranxerri 2023 entablan un diálogo perfecto con las creaciones del chef. BEVIR By LOPESAN no ha venido a competir localmente: está jugando en la Champions League de la alta cocina española. Con un espacio silente y ultra cómodo, al que aún le quedan algunos retazos asiáticos que deben ir desapareciendo con el tiempo, una bodega top apuntalada por Diego Tornel, que a su vez ha logrado ensamblar un auténtico equipazo de gente joven en sala con una profesionalidad y esmero digno de los más grandes, la cocina de Germán Ortega y su equipo en este proyecto se posiciona como un firme y firme aspirante a conquistar la guía roja en su nueva etapa. Ingrid Germán Ortega no ha venido a BEVIR a especular. Viene a volcar la maestría con la que sostuvo la Estrella Michelin en La Aquarela desde 2019 hasta este 2026, firmando una propuesta llena de identidad, arraigo y desbordante finura técnica. Solo el tiempo les separa a Bevir y Germán Ortega de tocar el cielo gastronómico para volver a lucir la tan ansiada Estrella Michelin en

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El Búho Tuerto: Argentina en el plato, pasión en la brasa

Daniel y Paula han construido en Las Palmas de Gran Canaria un rincón donde Argentina no se echa de menos, se vive a través de sus brasas, la casquería o el dulce de leche. Hay restaurantes que abren sus puertas y hay restaurantes que abren un portal. El Búho Tuerto pertenece, sin lugar a dudas, a la segunda categoría. Desde el instante en que uno cruza el umbral de este local en Las Palmas de Gran Canaria, la decoración lo dice todo: cada mesa, cada rincón, cada elemento en las paredes es un homenaje silencioso —y a la vez poderoso— a Argentina. No es nostalgia; es identidad. Y esa identidad lo impregna todo: los platos, los ingredientes, los vinos y, sí, hasta cada palabra que se pronuncia en sala. El nombre del restaurante ya anticipa su filosofía. Como explica la propia carta del local, el búho es símbolo de conocimiento y sabiduría en Argentina, «un guerrero de la naturaleza, un sobreviviente», y la imagen del búho tuerto representa la lucha constante y la capacidad de adaptarse. Una metáfora perfecta para quienes, como los propietarios, llevan sus raíces consigo dondequiera que vayan. Daniel y Paula son los artífices de este sueño austral en tierra canaria. Daniel se maneja en las brasas con una destreza que recuerda a la de Messi con el balón: intuitiva, precisa, imposible de imitar. El fuego no lo controla, lo dialoga. Paula, por su parte, ha diseñado cada esquina del espacio con el criterio y el ojo de quien sabe exactamente qué jugador necesita en cada posición —como Scaloni eligiendo a sus campeones del mundo—. Y en sala, esa misma Yanira se convierte en el jugador de equipo que todo restaurante sueña tener: profesional y acogedora a partes iguales, capaz de hacer que el cliente se sienta en casa desde el primer segundo. Daniel  La carta de entrantes (Entrantes, como juega el propio menú con la tipografía) es generosa en opciones y en sabor. Una salsa criolla que merece párrafo aparte: fresca, equilibrada, con ese punto de acidez que limpia el paladar y prepara para lo que viene. Las empanadas —de carne, de humita, de espinaca— son un prólogo honesto a lo que aguarda. Pero los grandes protagonistas de la sección son los casquetes: los riñones y las mollejas brillan con una intensidad que sorprende incluso a quienes creen conocer el oficio. Tiernos, sabrosos, con el punto de brasa perfecto que potencia sin enmascarar. Platos que en manos menos expertas resultan intimidantes y que aquí se convierten en revelación. Mollejas Riñones La sección Carne a la Brasa es el corazón del Búho Tuerto. En la visita de hoy, la tira de asado, la entraña y el lomo alto fueron los elegidos, y los tres llegaron a la mesa hablando por sí solos: costra perfecta, interior rosado, jugosidad intacta. La entraña, ese corte tan porteño como infalible cuando está bien ejecutado, se presentó en su punto exacto de ternura. El lomo alto, imponente. La tira de asado, un clásico que aquí recupera toda su nobleza. Las papas fritas acompañan con la honestidad que se les exige: crujientes por fuera, esponjosas por dentro, sin artificios, al igual que su ensalada aliñada de lechuga, tomate y cebolla. Asado  Si el asado es el alma de la gastronomía argentina, el dulce de leche es su corazón. El pancake argentino con dulce de leche que cierra la experiencia en el Búho Tuerto es mucho más que un postre: es una declaración de intenciones. Un guiño cómplice al país del sur que dice, con azúcar y ternura, que el viaje ha valido la pena. Pancake dulce de Leche El Búho Tuerto logra lo que pocos restaurantes consiguen: hacer que la distancia desaparezca. Argentina está en Las Palmas de Gran Canaria, en cada corte que Daniel saca de la brasa, en cada rincón donde posas la mirada tras la decoración de Paula y en cada sonrisa con la que Yanira recibe a sus comensales, en cada bocado que recorre el paladar y deja huella.  Yanira A un precio medio de 35-45€ por personas y creciendo sin hacer ruido en la capital grancanaria desde hace años, El Búho Tuerto se ha convertido por méritos propios en un acierto rotundo y una visita imprescindible si le gusta la manera de cocinar la carne que se lleva en el ADN argentino, es por eso que muchos de los que aquí viven lo tienen como su imprescindible, desde hoy también de los míos. Su Instagram para conocer días de apertura y reservas es el @el_buhotuerto,

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Moral, la casa de Santa Cruz a la que uno siempre quiere volver

En menos de dos años, el Rte Moral se ha convertido en refugio gastronómico en la capital tinerfeña, firmando un crecimiento fulgurante que ya luce Bib Gourmand Michelin y un Sol Repsol sin renunciar a su esencia de casa cercana y disfrutona. En apenas dos años de vida, el restaurante Moral, en Santa Cruz de Tenerife, ha pasado de ser una apertura silenciosa a uno de esos nombres que circulan de boca en boca entre aficionados y profesionales de la gastronomía canaria. Este proyecto nacido de las manos de la pareja Icíar Pérez y Juan Carlos Pérez al frente, ha conquistado un BIB Gourmand en la Guía Michelin y un Sol en la Guía Repsol en tiempo récord, un doble reconocimiento que respalda una cocina sabrosa, técnica y profundamente emocional, donde ya conviven platos inamovibles y nuevas creaciones de alto voltaje en un ambiente de casa propia del que cuesta despedirse. Moral  Moral es una de esas casas que, apenas las conoces, ya sientes que formaban parte de tu rutina desde siempre. En Santa Cruz de Tenerife, en poco más de un mes, este restaurante ha pasado de ser “la nueva apertura” a convertirse en refugio gastronómico y emocional, de esos lugares que uno empieza a recomendar con el mismo cariño con el que recomienda la casa de un amigo.  Las guías han sido rápidas en detectarlo: Bib Gourmand en la Guía Michelin y un Sol en la Guía Repsol en tiempo récord, pero aquí los distintivos funcionan casi como anécdota frente a lo verdaderamente importante: las ganas de volver que deja cada visita. Barra En cocina, Icíar y Juan Carlos sostienen el corazón del proyecto con una serenidad que sorprende para un espacio tan joven. No hay sensación de rodaje, sino de casa que lleva años afinando una forma de dar de comer: platos sabrosos, cálidos, pensados para gustar y, a la vez, para dejar huella.  El ajo blanco, los garbanzos arreglados con foie, la berenjena glaseada con anguila y champiñón o las cigalas con mojo hervido se han convertido ya en esos “inamovibles” que muchos clientes repiten como si se tratara de un ritual íntimo, una pequeña liturgia personal cada vez que cruzan la puerta. Esos “lo de siempre” que tanto emocionan. Berenjena  Cigalas  Lo asombroso es que, sobre ese repertorio ya querido, la casa sigue creciendo sin perder su alma. Aparecen nuevos platos que elevan el nivel de una manera casi estratosférica, pero siguen hablando el mismo idioma emocional: el puerro confitado con sabayón de miso y panceta ibérica, que abraza desde la primera cucharada o la cebolla asada con brandada de bacalao, que sabe a brasero y tertulia. Sublimes las codornices de Higinio, precisas y golosas; o un rodaballo con lima y alcaparras fritas que condensa mar, frescor y un punto de picardía en boca. Es una cocina que no intimida, pero que se queda rondando la memoria durante días. Cebolla   Codorniz de Higinio  Cuando parece que el relato no puede subir un peldaño más, llega la cocina dulce para rematar la jugada. La versión del bienmesabe no es solo un guiño al recetario canario, sino una caricia directa a la memoria gustativa del isleño; es reconocer un sabor de siempre y descubrirlo afinado, más limpio, más luminoso.  El postre de violeta aporta delicadeza y perfume sin empalagar, casi como un susurro, y el flan de huevo —sí, de HUEVO— se sitúa, sin exagerar, entre los grandes de Canarias: textura exacta, sabor nítido y esa potencia que obliga a bajar la cuchara despacio, como para alargar el momento. Violeta Flan En sala, el relato se completa. El equipo se mueve al ritmo de la cocina, pero también al del comensal, logrando esa mezcla de profesionalidad y cercanía que hace que uno se sienta invitado más que cliente. El tono de voz, el gesto de colocar el plato, el tiempo entre pase y pase… todo contribuye a esa sensación de “estar en casa”, aunque sea la primera vez que se visita. Y cuando llega el buchito final, un café de verdad, bien hecho, pone el punto y seguido perfecto: no es un cierre, es una promesa.  Café Yo, que soy de la Unión Deportiva Las Palmas, ya tengo claro que Moral, con Juan Carlos Pérez defendiendo al CDTenerife y la herreña Icíar como árbitro desde la cocina, es el mejor punto de encuentro posible entre nuestras dos camisetas. En definitiva, Moral porque a cada equipo nos vaya cada año un poquito mejor, pero sobre todo, sabor y mucha cocina en una de esas casas a las que siempre apetece regresar. Icíar Pérez Juan Carlos Pérez Si les apetece pueden seguirnos enInstagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

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Hikari de David Rivero, la casa donde el producto local redefine la alta cocina japonesa

El restaurante Hikari, en Las Palmas de Gran Canaria y recomendado por la Guía Michelin, consolida su propuesta omakase con una cocina japonesa pura donde el producto local, el dominio del arroz y el protagonismo del mar canario marcan la diferencia. David Rivero firma una de las experiencias gastronómicas más sólidas y demandadas de Canarias. En una ciudad donde la oferta gastronómica no deja de crecer, hay casas que no solo evolucionan: marcan el ritmo. Hikari, en Las Palmas de Gran Canaria, es una de ellas. El proyecto liderado por David Rivero vive un momento de madurez imparable, consolidado ya como restaurante recomendado por la Guía Michelin y con una identidad cada vez más definida: la de una cocina japonesa pura, precisa y profundamente conectada con el producto local. David Rivero Su propuesta omakase es hoy una de las más sólidas del archipiélago. Un recorrido donde el mar canario se convierte en hilo conductor y donde el arroz —ese elemento invisible que lo sostiene todo— alcanza cotas de perfección técnica y sensibilidad difíciles de encontrar. El arranque llega en forma de bento japonés, cuatro bocados que funcionan como declaración de intenciones. Desde el edamame con sésamo tostado, sencillo y adictivo, hasta una ostra Amélie del norte de Burdeos afinada con ponzu, pasando por una gyoza de langostinos con guiños al chili crab y una delicada galleta japonesa coronada con ventresca de atún. A ellos sumémosle un plato que jamas podía quitar pero sí evolucionar como son sus berenjenas. Equilibrio entre tradición, producto y un leve juego contemporáneo. Bento Hikari A partir de ahí, el menú fluye con naturalidad. El sashimi de medregal negro canario confirma el compromiso con el entorno, con cortes limpios y sabor profundo. Pero es en la secuencia de nigiris donde Hikari despliega todo su potencial. Desde un original guiño a la Gilda reinterpretada con chicharro de Tenerife, hasta un impecable salmón flambeado o la elegancia de la sama roquera, otro pescado local de roca, con paté de trufa blanca.  La vieira con mantequilla de yuzu aporta untuosidad y frescura, mientras que el sorprendente nigiri de arroz frito con steak tartar de wagyu rompe el discurso clásico con acierto. Nigiri Chicharro Nigiri Steak Tartar Wagyu El clímax llega, como no podía ser de otra forma, con el toro: la pieza más noble del atún, tratada con respeto absoluto. Y como cierre salado, un tartar de patudo canario con arroz frito al momento que resume la filosofía de la casa: técnica japonesa, alma local. Mención aparte merece el fuera de carta, un sukiyaki de wagyu con setas japonesas que trasciende la experiencia para convertirse en recuerdo persistente. Profundo, envolvente, de esos platos que permanecen. Sukiyaki de Wagyu  El apartado dulce mantiene el nivel. El ammitsu —con helado de té matcha elaborado en casa, sopa de yuzu y pasta de judía roja— aporta frescura y equilibrio, mientras que el ya icónico quesillo de jengibre con leche de coco reafirma el sello personal de la casa. Ammitsu Hikari no solo llena con meses de antelación: genera expectación real. Conseguir mesa exige atención constante a sus redes sociales, convertidas casi en una puerta de acceso efímera. Pero la recompensa lo justifica. Lo de David Rivero y su equipo ya no es promesa. Es presente sólido y futuro abierto. Un restaurante que no parece tener techo y que, servicio tras servicio, sigue afinando su discurso hasta situarse entre lo más relevante de la gastronomía en Canarias. Si les apetece pueden seguirnos en Instagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro. Si les apetece pueden seguirnos enInstagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

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La Taberna Burger Art: El rincón canario que transforma la hamburguesa en arte.

9 años de arte entre burgers, panes, cervezas y cómics dan para un Juernes de Por Fogones a ritmo de música. Hay lugares que se visitan una vez y se recuerdan siempre. La Taberna Burger Art, en Telde, es uno de esos sitios donde la hamburguesería deja de ser un simple formato de comida rápida para convertirse en una declaración de intenciones. Doramas Sosa lleva nueve años demostrando que hacer hamburguesas es, también, un oficio de autor. Burger Pollo Breaking Bad Antes de que llegue el primer plato a la mesa, ya has hecho un viaje. Las paredes de La Taberna Burger Art son un universo decorado con mimo y con una sensibilidad que no se improvisa: cómics, cine, figuras de colección, referencias a la cultura pop más querida. Cada rincón es una pieza del puzzle de una identidad muy bien construida. Los aficionados al mundo friki encontrarán aquí su lugar; los que no lo son, saldrán siéndolo un poco más. Doramas Sosa no es solo la cara visible del local, sino también su alma. Fue él quien introdujo en la isla la primera hamburguesa elaborada con Donuts, adelantándose a una tendencia que más tarde sería viral en toda España. Esa capacidad de anticipación sigue siendo su sello: proponer antes de que lo proponga nadie, con criterio y sin rendirse a la moda por la moda. La propuesta gastronómica de La Taberna Burger Art se asienta sobre una filosofía simple y poderosa: comprar el mejor producto y ensamblarlo con inteligencia. Sin artificios innecesarios, sin trampa. El resultado son hamburguesas memorables, con nombres que son pequeños homenajes al mundo del cine y del cómic, como si cada bocado fuera también una referencia que hay que coleccionar en el paladar. La Gran Can es ya un clásico de la casa y un pequeño manifiesto de identidad canaria: pan de semilla, ternera, tomate, plátano frito, cebolla caramelizada, mojo canario de almendras y queso ahumado canario. Un ejercicio de canariedad sin complejos, donde el plátano y el mojo no son un guiño turístico sino ingredientes que genuinamente elevan el conjunto. Dulce, ahumado, untuoso: es la hamburguesa que debería figurar en cualquier guía del producto local. La creación del mes lleva por nombre Michael Jackson y llega cargada de guiños: pan brioche, smash Angus, cheddar fundido, cebolla frita casera y una salsa especial Moonwalk —alioli con ajo negro— que cierra el bocado con elegancia y profundidad. Además, coincidiendo con el estreno del esperado biopic Michael, la hamburguesa trae consigo regalos y sorteos durante este mes, convirtiendo la visita en una experiencia que va más allá de lo culinario. Una creación con personalidad propia y ritmo propio, como su inspiración. Gran Can Michael Jackson Las demás propuestas de la carta —con títulos tomados de películas y cómics— invitan a volver. No porque sean un capricho, sino porque están bien hechas. La oferta de pollo y la opción vegetariana amplían el espectro sin caer en el recurso fácil: aquí también se trabaja con el mismo respeto al producto. Entre los entrantes, las Papas Pull Fiction merecen mención especial. Una cama de patatas generosamente cubierta con cerdo deshilachado macerado en salsa BBQ, salsa cheddar, salchicha y cebolla frita. Es el plato que aparece en todas las mesas, el que se comparte, el que provoca debate sobre si pedir una segunda ración. Goloso, contundente y ejecutado con convicción. Un clásico de la casa por méritos propios. Papas Pull Fiction Rocky Lo que hace a Doramas Sosa un personaje singular en el panorama gastronómico canario no es solo su cocina. Semanalmente, lo encontramos al frente de su podcast Helado Oscuro, que se ha convertido en referencia absoluta en las Islas Canarias. Cultura, gastronomía, entretenimiento: un formato que refleja la misma personalidad multidisciplinar que se respira en su local. Cocinero, comunicador, coleccionista. Un perfil que encaja perfectamente con los tiempos que corren y con lo que el comensal de hoy busca: autenticidad y coherencia. Doramas Sosa Si les apetece pueden seguirnos en Instagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

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Tres paradas para comer bien cerca de la Feria Gran Canaria Me Gusta en Agüimes

Sábor, Nelson y Saliviento son tres opciones para alargar la visita al recinto ferial con una ruta gastronómica que va del producto local a la cocina marinera y el acento gallego. La Feria Gran Canaria Me Gusta convierte estos días a Agüimes en uno de los grandes puntos de encuentro para quienes siguen la gastronomía local. Y ya que el desplazamiento hasta el sureste merece la pena, conviene aprovecharlo con una buena mesa: Sábor, Nelson y SalyViento son tres restaurantes que permiten completar la escapada con perfiles distintos, pero con una misma idea común, comer bien sin perder el hilo del territorio. Sábor, cocina con pulso contemporáneo. Nos encontramos aquí una de esas direcciones que funcionan especialmente bien cuando apetece convertir una comida en parte del plan, y no en un simple trámite entre actividades. Su cocina parte de una base mediterránea y española con lectura actual, y se apoya en el producto con una mirada técnica que le da personalidad propia. Ubicado en Vecindario, concretamente en Casa Pastores, encaja muy bien como parada antes o después de pasar por la feria, sobre todo para quienes quieran alejarse un poco del ambiente más inmediato del recinto sin salir del eje sureste. Es una opción pensada para quien busca una comida más reposada, con elaboración y cierta ambición en el plato. Ale y Borja, procedentes de la escuela de La Aquarela, dan su toque personal tanto a cocina como sala, una visita basta para saber que en esta casa se están haciendo cosas que vale la pena descubrir a unos precios imbatibles, ademas.  Albóndigas vaca madurada Lomo alto a la brasa  Nelson, la mesa marinera de Arinaga, Si la idea es comer con sabor a costa, Nelson sigue siendo una apuesta segura en Playa de Arinaga. Su propuesta se mueve entre el marisco, el pescado y la cocina mediterránea y española de raíz clásica, con una carta que mira de frente al producto del día y a la tradición marinera. La ubicación, además, invita a estirar la jornada con una comida junto al litoral, algo que encaja muy bien en una visita a Agüimes que quiera salir del recinto ferial y ampliar el recorrido. Es un restaurante pensado para quien valora la cocina sin artificios, con materia prima reconocible y un ambiente que conserva el pulso de la casa de costa. Hablar de Nelson es hablar de mar en todas sus vertientes, pero si algo le caracteriza es que trabaja nuestros pescados de roca como nadie, su salpicón de vieja o pescado del día frito, motivos más que de sobra para disfrutar de su cocina como hacen multitud de personalidades que visitan la isla, como ejemplo, la familia Estefan al completo durante los últimos carnavales. Pescado fresco Salpicón de Bogavante Saliviento, un guiño gallego en el sureste. Ubicado en Castillo del Romeral, aporta un matiz diferente a la ruta: una cocina con acento gallego que se mueve entre mariscos, pescados, carnes y arroces. Es una parada interesante para quienes prefieran una experiencia más clásica en el fondo, pero con una carta amplia y una identidad bien marcada. Aunque queda algo más alejado del núcleo ferial, precisamente por eso puede funcionar como cierre de jornada o como excusa para alargar el viaje hacia otro punto del municipio. Su propuesta encaja con un público que busca abundancia, producto y una cocina de corte tradicional bien resuelta. En estos días además coincidiendo con la feria tienen sus exitosas Jornadas del Cachopo, que preparan con un sabor y productos únicos en la isla. No olvidemos que el apellido Bouzón por medio de sus hijos, con David al frente, siguen el legado que el grandísimo, y tristemente desaparecido, Pepe Bouzón, arrancó en la isla hace décadas durante la época dorada del Rías Bajas capitalino. Percebes Cachopo  La Feria Gran Canaria Me Gusta es una buena excusa para volver a mirar hacia Agüimes y su entorno con hambre de producto local y ganas de mesa. Sábor, Nelson y Saliviento ofrecen tres maneras distintas de completar la visita: una cocina más creativa, una parada marinera y una dirección con sabor atlántico. En un día de feria, elegir bien dónde sentarse a comer puede marcar la diferencia entre una simple visita y una escapada gastronómica completa. Y en ese recorrido, estos tres restaurantes suman argumentos suficientes para justificar el trayecto. Si les apetece pueden seguirnos enInstagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

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Viña Cantera: el guachinche grancanario que llevó la cocina rural al corazón de Terrae 2026

El primer guachinche oficial de Gran Canaria seduce a casi 90 comensales —entre autoridades, prensa y cocineros rurales de España, Italia y Portugal— con un menú de chicharrones, potaje, cochino y cabra regado con vinos de cosecha propia. En una ladera agrícola de Valsequillo, frente a la Finca de Fresas La Palma, rodeado de fresas, papas y árboles frutales, Viña Cantera encarna el ideal de guachinche rural: una casa de comida canaria pegada a la tierra, al clima y al calendario agrícola. Allí casi todo lo que llega al plato ha pasado antes por las manos de la familia en la finca: uvas, frutas, papas, verduras, incluso parte del forraje que alimenta al ganado. Ese circuito corto se traduce en sabores nítidos, sin maquillaje, y en una cocina que no necesita discursos sobre sostenibilidad porque la practica desde mucho antes de que la palabra se pusiera de moda. Guachinche  La condición de primer guachinche oficial de Gran Canaria no es un simple título administrativo, sino una declaración de intenciones: reivindicar para la isla un modelo de casa de vino y comida popular que hasta ahora se asociaba casi en exclusiva a Tenerife. Aquí no hay artificios escénicos ni folklore impostado; el paisaje agrícola que rodea el comedor es el decorado real de un proyecto que pone al sector primario en el centro, con coherencia y sin complejos.  El corazón líquido de Viña Cantera son sus vinos de cosecha propia, elaborados con las más de doce mil cepas plantadas en las aproximadamente cinco hectáreas de finca, donde conviven listán negro, castellana, tintilla, malvasía y otras variedades adaptadas al suelo volcánico y al clima húmedo de medianías.  El tinto que acompañó el almuerzo de Terrae 2026 mostró justo lo que se espera de un vino de guachinche: fruta negra franca, una rusticidad bien entendida y esa frescura atlántica que limpia el paladar entre bocado y bocado de cochino y cabra. El blanco, más vertical, equilibra notas cítricas y florales con una boca sencilla pero honesta, perfecta para seguir el ritmo de los potajes, el gofio y las ensaladas del menú. Y mucho ojo a su vermouth casero, particularmente el mejor que he probado en la isla de muchas pruebas que se han intentado llevar a cabo.  Vinos  Junto a los vinos, en la sala se despliega un pequeño colmado donde se pueden adquirir quesos de Valsequillo, frutas de temporada —con las fresas ecológicas como emblema—, papayas, pan de tuno indio y otros productos de la finca como unas mermeladas de ensueño  y del entorno inmediato. Esa doble condición de restaurante y tienda convierte al comensal en cómplice del proyecto agrícola: quien se sienta a comer puede, al marcharse, llevarse consigo una parte de ese paisaje comestible en forma de fruta, vino o conservas. A los mandos de la jornada su propietario, Paco Afonso, con el que me tuve que disculpar porque me parece un error de bulto por mi parte el no haberlos conocido antes. Parece mentira que en ocasiones el canario conozca su tierra y lugares atraídos por gente de fuera, este es un buen ejemplo y una colleja para seguir mirando el interior de la isla y sus riquezas. Valsequillo es mucho más que sus fresas, es un municipio con mucho para mostrar, degustar y descubrir, y les prometo que haré ejercicio de enmienda al respecto. Paco Afonso, propietario  El almuerzo que Viña Cantera sirvió para casi noventa asistentes del congreso Terrae 2026 —autoridades, prensa gastronómica y, sobre todo, cocineros y cocineras de entornos rurales de España, Italia y Portugal— fue, ante todo, una demostración de músculo campesino y organización silenciosa. No hubo fuegos artificiales ni florituras técnicas: hubo calderos, humo, grasa bien gestionada y un servicio afinado que consiguió que el comedor respirara al unísono, como si se tratara de una gran comida familiar de domingo elevado a categoría de acontecimiento. Los chicharrones de cerdo llegaron crujientes, sin rastro de ranciedad, con la grasa bien derretida y esa textura entre el caramelo y la corteza que los convierte en un pequeño vicio salado; puestos sobre la mesa al inicio del almuerzo, actuaron como un manifiesto: aquí se viene a comer sin miedo. La ensalada de la casa, construida con verduras del entorno y fruta de la finca, ofreció el contrapunto fresco necesario, pero también recordó que en Valsequillo el tomate, la lechuga o el aguacate tienen el privilegio de madurar mirando a las montañas. Chicharrones Ensalada El gofio escaldao y el potaje de berros con gofio fueron los platos que mejor explicaron la hondura identitaria de esta cocina: cucharadas densas, casi primarias, donde el cereal tostado abraza el caldo y las verduras hasta convertirlos en alimento de refugio.  El cochino frito, marca de la casa, llegó en raciones generosas, con la carne jugosa y la piel crujiente, recordando que pocas cosas dialogan tan bien con un tinto joven de medianías como un buen trozo de cerdo bien frito.  La carne de cabra, guisada a fuego lento, presentaba una salsa oscura, brillante, donde se concentraban los jugos del animal y el saber de muchas generaciones de cocina rural canaria; un plato que, por sí solo, justificaría el viaje. Potaje de Berros Carne Cabra De postre, la mesa se llenó de quesos locales y frutas de la finca: rodajas de papaya, cítricos y otras piezas de temporada que limpiaron el paladar sin competir con la memoria todavía reciente de los calderos.  Guachinche Viña Cantera confirma en Terrae 2026 lo que muchos en Valsequillo ya sabían: la cocina rural más emocionante de Gran Canaria hoy se cuece entre sus viñas, sus calderos y sus huertas.  Cada pase funcionó como una pieza de un mismo discurso: la defensa de una cocina rural que no pide perdón por serlo y que se sabe a la altura de cualquier congreso internacional Quesos En el contexto de Terrae, un congreso que reivindica la cocina rural como motor de futuro, el éxito del almuerzo en Viña Cantera trasciende el aplauso puntual: funciona como ejemplo de cómo

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