Javier S Gastro

RicarDog o como el tiempo nos devuelve uno de los sabores de antaño al abrigo de Las Canteras.

En el mismo espacio que era Casa Ricardo se alza RicarDog, una propuesta que guarda el respeto a los sabores de ayer y se atreve a viajar por el mundo a través de un Perrito Caliente.

Durante décadas, los Perritos Calientes de Casa Ricardo fue sinónimo de picoteo popular en Las Canteras, un lugar muy de barrio donde el producto humilde se compraba casi por inercia cotidiana. Ese imaginario de comercio clásico, de mostrador de toda la vida, es el que hoy se convoca de nuevo en la calle Salvador Cuyas, a pocos metros de la arena de Las Canteras, pero traducido al lenguaje del fast food actual. 

RicarDog no reniega del pasado: lo cita desde el nombre, desde el recuerdo de los antiguos perritos calientes y desde una estética que juega con la memoria sentimental del local original, aunque ahora la puesta en escena mira claramente a la cultura del street food global y a la clientela playera y noctámbula que transita la zona. Este Juernes de Por Fogones previo a la Gran Cabalgata de Carnaval LPGC viaja al pasado en el presente, como contaba Marty McFly en Regreso al Futuro,

Al frente del proyecto se sitúa José Rojano, uno de los cocineros más sólidos de Gran Canaria, con trayectoria en casas como La Terraza del Santa Catalina y el Bodegón del Pueblo Canario, donde ha trabajado una cocina de raíces isleñas en clave contemporánea. Esa experiencia se percibe en Ricardog en forma de equilibrios: técnica al servicio de algo tan aparentemente simple como un perrito caliente o una hamburguesa, producto cuidado y una lectura juguetona de sabores internacionales que no pierde de vista el gusto local. 

Jose Rojano

El cocinero parece asumir el reto de dignificar el fast food sin encarecerlo, en una carta corta, muy directa, que permite comer de manera informal pero con cierta sensación de plato pensado y no meramente montado. Como ejemplo, los panes, de bombón de toda la vida elaborados para ellos por La Madera y hechos aquí, en Canarias. 

El corazón del menú son los perritos, que parten del tradicional con ketchup y mostaza, casi como acto de respeto al recuerdo de Casa Ricardo sin faltar la opción de la cebolla y el pepinillo, a la postre les digo que fue mi favorito, seguro que viajar a mi época de pibe en Las Canteras tuvo mucho que ver en eso. 

PERRITO TRADICIONAL

A partir de ahí, la barra se convierte en una pequeña vuelta al mundo: el Italiano incorpora trufa, ketchup, cebolla crujiente y parmesano (mi segundo favorito, din duda alguna); el Mexicano (apabullante) se viste de salsa barbacoa, guacamole y jalapeños; el Oriental combina mostaza coreana picante, ketchup, sriracha y cebolla crujiente, pero no les mentiré, quizás el que menos me convence por no llevarme a ningún rincón de la cocina oriental. mientras que el Texano apuesta por ketchup, mostaza, cebolla crujiente y chili con carne. 

El Especial con pulled pork (elaborada en casa por el propio José Rojano), mostaza, ketchup y cebolla funciona como síntesis de esa filosofía: recuperar la iconografía del perrito clásico, pero cargado de matices grasos, ahumados y picantes que remiten a barbacoas norteamericanas y a la cocina tex-mex sin perder el formato de bocado rápido.

PERRITO ITALIANO

La oferta de papas –tradicionales o de dippeo– refuerza esa sensación de antojo bien construido: desde las normales, pensadas casi como acompañamiento neutro y absolutamente irresistibles, hasta versiones con alioli, trufa y parmesano, guacamole con jalapeños y queso, pulled pork con queso derretido o chili con jalapeños y queso. Son combinaciones que comparten códigos con los perritos y permiten montar una comida a base de pequeñas capas de exceso controlado, jugando con el picante, la untuosidad del queso y la presencia recurrente del cerdo deshilachado. 

En el capítulo de hamburguesas, la Tradicional con queso y pepinillo mantiene la línea más canónica, mientras que La Americana incorpora el exquisito pulled pork elaborado en casa y La Ricardogs añade trufa, queso y “nuestro secreto”, una declaración de intenciones que conecta la memoria de Casa Ricardo con una lectura más hedonista y globalizada del bocadillo de siempre. 

Destacaría como algo a favor el huir de excesivos ingredientes y dejarse de invenciones absurdas con los panes, son unas hamburguesas de “las de toda la vida”, las que comíamos en Guanarteme o a la vuelta de marcha cuando Las Palmas de Gran Canaria era una ciudad con vida nocturna, no como ahora.

BURGER

Ricardog nace con vocación de convertirse en nuevo rito de paso gastronómico para quienes bajan a Las Canteras en busca de algo más que un simple tentempié. La propuesta se sostiene en una idea muy reconocible para el paladar canario –el perrito de Casa Ricardo como mito fundacional– y la reescribe desde la autoría tranquila de Rojano, capaz de llevar ingredientes como la trufa, el parmesano, el guacamole o el chili con carne a un terreno amable y festivo. 

Hay algo de reconciliación entre generaciones: quienes recuerdan el antiguo local encuentran aquí un guiño a su memoria, mientras que el público más joven descubre un fast food con narrativa, en el que cada combinación parece pensada para ser contada –y fotografiada– tanto como para ser devorada

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