Javier S Gastro

El Bejeque: cuando la brasa abraza al mar

El restaurante de la capital grancanaria, templo reconocido por sus carnes al fuego, da un golpe sobre la mesa incorporando el producto marino a su parrilla sin renunciar a sus orígenes. Una apuesta que ya apunta a peregrinación.

Hablar de El Bejeque en Las Palmas de Gran Canaria ha sido, hasta hace bien poco, referirse a una casa que vive la cocina con devoción a la carne y al fuego. Sin embargo, los proyectos vivos son aquellos que escuchan el pulso de su clientela y el latido del mercado: comensales ávidos de novedades donde el humo y la brasa sigan siendo la columna vertebral, pero con horizontes más amplios como los del océano, y más teniendo en cuenta que nos encontramos en pleno corazón de la Playa de Las Canteras, en la Calle Portugal, justo en la contraesquina de Restaurante Tabaiba, el único Estrella Michelin de la isla que no se encuentra dentro de un gran hotel o complejo. 

El Bejeque

Así, la casa de Ayoze Valido en cocina y Kiara León en sala, ha decidido dar un paso al frente sumando —que jamás sustituyendo— el mar como coprotagonista absoluto de su propuesta. Y que nadie se alarme: todo lo que durante años ha hecho felices a sus comensales en torno a sus cortes cárnicos sigue y seguirá intacto. El mar no llega para desplazar a la tierra; llega para convivir con ella y demostrar que, cuando el oficio manda, el fuego, el océano y la cumbre forman una alianza imbatible.

Acudía por primera vez a su mesa con la curiosidad encendida y la firme determinación de zambullirme de lleno en este recién estrenado romance marinero. Un menú pensado casi en exclusiva desde el litoral, con una única concesión terrenal de entrada: su queso Media Flor de Guía a la plancha sobre mojo de almendras. Un bocado que pide a gritos una pequeña revisión de sala o emplatado; la potencia del mojo termina eclipsando los matices nobles y amargos del queso, algo que se resolvería de forma sencilla sirviéndolos por separado para que el comensal dosifique y armonice al gusto. Un detalle menor que no empañó lo que estaba por venir.

A partir de ahí, el festival de las ascuas no dio tregua. Arrancamos con unas zamburiñas a la brasa de punto milimétrico, ensalzadas por un majado casero de auténtico sobresaliente. Le siguieron unas papas arrieras con pulpo y gambas, acariciadas por unas gotas de un alioli de ajo negro que bien merecería comercializarse en botes de kilo; un entrante rotundo, equilibrado y con ese duende que justifica por sí solo el viaje a un restaurante.

Zamburiñas

Papas Arrieras

Pero la cumbre marina aún guardaba cartas mayores. La joya de la corona fueron unos carabineros de La Santa simplemente majestuosos. Pocas veces he visto un trato tan sabio, respetuoso y afinado en la parrilla para extraer la esencia de este crustáceo, un «recién llegado» a nuestras costas cuya pista gastronómica comenzamos a seguir allá por 2018 (aún guardo en la memoria aquellos que disfruté en el añorado El Risco de Famara). Lo de El Bejeque con esta pieza es pura orfebrería de humo. 

Carabineros de La Santa

Misma maestría demostrada con la chopa, pescado de roca canario en una pieza de casi un kilo mimada al fuego con tal delicadeza que de ella no quedaron sobre la mesa ni las raspas.

Para redondear la faena salada, el pase principal fue uno de sus arroces: el negro con calamares y sepia. Lo afirmo sin titubeos: probablemente el mejor arroz negro que me he llevado a la boca en Canarias en los últimos años. Confluye todo lo que se le exige a la excelencia arrocera: el grano impecable de Molino Roca, la profundidad oceánica de un fumet soberbio, la integración magistral de la tinta y, de nuevo coronando la faena, ese bendito alioli casero de ajo negro. Otro plato que, por derecho propio, vale una visita.

Chopa 

Arroz Negro

El epílogo dulce no pudo ser más identitario: unos canarísimos huevos moles, escoltados por el gofio del Molino de Telde. El broche de oro tradicional y reconfortante para una comida de altos vuelos.

Huevos Moles

Capítulo aparte merece la sala. Mantener el ritmo, la calidez y la precisión para más de una veintena de comensales dispersos por el local a cargo de una única persona parece una quimera, pero Kiara firma un servicio de Matrícula de Honor. 

Dominio absoluto de la carta, asesoramiento impecable en los tiempos y cantidades, una bodega comedida pero con criterio certero —con joyas en vermús y vinos dulces de postre— y una sonrisa perenne que logra hacerte sentir en casa en cada pase. Su labor no es un complemento: es otra de las razones de peso para cruzar su puerta.

Llevan apenas dos semanas domando el mar entre sus brasas, pero si este es solo el comienzo, auguro que El Bejeque se convertirá muy pronto en lugar de obligada peregrinación para quienes entendemos la gastronomía como la unión perfecta entre fuego, producto y memoria. Queda camino por recorrer, como en todo estreno, pero el rumbo no puede ser más prometedor.

Kiara y Ayoze 

Si les apetece pueden seguirnos en Instagram, TikTok, X (Twitter) bajo el nick de @javiers_gastro.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

LinkedIn
Share
Instagram
WhatsApp
Scroll al inicio