El histórico patriarca de Juvé & Camps visita las Islas de la mano de Torres Canarias para conmemorar el medio siglo de vida de su icónico “Reserva de la Familia” con una cata vertical histórica y reflexionar con serenidad sobre el salto a Corpinnat y la defensa innegociable del terruño en el Penedès.
Hay marcas que trascienden el mero etiquetado comercial para convertirse en un paisaje emocional. En Canarias, pedir una copa de Juvé & Camps no exige explicaciones previas: representa la certeza de la calidad, el respeto por el oficio y una hospitalidad que hermana a las casas de comidas más humildes y entrañables con las mesas de vanguardia gastronómica.
Tras hacer escala en Tenerife, Joan Juvé Santacana desembarcó en Gran Canaria con la serenidad de quien pisa terreno propio. La cita, convocada por Excelsia/Torres Canarias —distribuidora con la que la firma catalana mantiene una alianza forjada en décadas de estrecha amistad familiar—, no era un compromiso protocolario más. Servía de pretexto para celebrar los 50 años de vida de su vino más universal, el Reserva de la Familia, y para pulsar el momento enológico de una de las casas más determinantes de nuestro país: “Canarias ha sido desde siempre una referencia absoluta para nosotros, casi una prueba piloto desde nuestros orígenes”, confiesa con una sonrisa afable Joan Juvé al arrancar la conversación. “Desde hace muchísimos años la familia sintió una orientación natural hacia las Islas. Encontrábamos aquí un clima humano excepcional: la hostelería nos escuchaba con respeto, el público conectaba de inmediato y logramos una implantación profunda. Hoy, disfrutar aquí del trabajo conjunto con la familia Torres es sencillamente el culmen de una relación entrañable”.
Es por eso que esta gira con la que Juvé y Camps visitará no sólo España, sino medio mundo, tuvo comienzo en Canarias, aquí se tienen como en casa y la fabulosa acogida de los profesionales fue una gran prueba de ello.

Don Joan Juvé
En una época dominada por fusiones corporativas y grandes fondos, Juvé & Camps preserva un equilibrio singular. “Siempre me ha gustado definirnos como el grande de los pequeños”, apunta Don Joan. “Manejamos volumen, pero nuestra esencia y nuestra estructura son estrictamente familiares. Mi hija Meritxell está al frente de la dirección ejecutiva y los miembros de la familia estamos plenamente involucrados en la viña y en la bodega. Nuestra obsesión ha sido mantener el contacto personal, la cercanía con el distribuidor, con el tabernero y con el comensal. El cliente no solo bebe un espumoso de calidad; bebe amistad, afecto y verdad. El reflejo de la familia tiene que estar en la copa”.
Esa impronta explica por qué la firma se ha instalado en el imaginario colectivo como la bienvenida perfecta. Ocurre tanto al adentrarse en los comedores de templos gastronómicos como Disfrutar en Barcelona o El Celler de Can Roca en Girona, como al tomar asiento en bastiones tradicionales que suman ochenta años de historia como el restaurante Bahía en Tossa de Mar: el comensal acostumbra a reconocer en algún momento que la copa a degustar llevará el sello de Sant Sadurní d’Anoia.
“A lo largo de mis más de cincuenta años de dedicación he tenido la fortuna de comprobar cómo hemos estado presentes en los instantes decisivos de la vida de la gente: bodas, reencuentros, celebraciones íntimas”, reflexiona Juvé. “Prácticamente no hay familia en España que en algún momento señalado no haya descorchado una botella nuestra. Sentir esa fidelidad espontánea en Canarias y en toda la Península es un regalo impagable”.

Discurso de Don Joan Juvé
La jerarquía actual de la bodega no se improvisa: reposa sobre más de dos siglos de devoción agrícola en el Alt Penedès, jalonados por hitos que han marcado el rumbo del vino español:
- 1796 (Los cimientos en la tierra): Joan Juvé Mir asienta las primeras raíces vitícolas de la saga en Sant Sadurní d’Anoia, una labor de cultivo que su hijo Antoni Juvé Escaiola defendería con tenacidad frente a la devastación de la plaga de la filoxera a finales del siglo XIX.
- 1921 (La primera botella): Antoni Juvé Escaiola y su esposa, Teresa Camps Ferrer, dan el salto crucial hacia la elaboración embotellando en las cavas subterráneas de la casa pairal el primer vino espumoso bajo la marca Juvé.
- 1940-1960 (Vanguardia técnica): La segunda generación, capitaneada por Josep y Joan Juvé Camps, moderniza la bodega e implanta avances pioneros como la termorregulación de mostos y el prensado neumático, elevando drásticamente la finura de sus bases.
- 1972 (La llegada de Gran Juvé & Camps): Nace un emblema de longevidad procedente de los suelos calizos de la finca de Espiells, destinado únicamente a añadas memorables.
- 1976 (La leyenda de Reserva de la Familia): Alumbrado inicialmente en la más estricta intimidad como un Brut Nature de larga crianza para el consumo exclusivo de la familia y allegados, el entusiasmo de quienes tenían la suerte de probarlo obligó a su comercialización. Medio siglo después, es el Gran Reserva de referencia indiscutible en España.
- Compromiso ecológico y relevo: Tras certificar el 100% de sus fincas históricas (Espiells, La Cuscona, Can Massana) bajo los principios de la viticultura ecológica, Meritxell Juvé asume la dirección ejecutiva, combinando el legado artesanal con una mirada enológica contemporánea y sostenible.

Primera Botella Juvé
Uno de los momentos de mayor hondura durante el encuentro llegó al abordar la reciente y trascendental incorporación de Juvé & Camps a la marca colectiva Corpinnat. Tras 24 años de servicio institucional ininterrumpido en el Consejo Regulador del Cava como vocal electo, la marcha de una de las bodegas fundacionales de la denominación hacia el sello de los espumosos del Penedès ha sacudido el mapa vitivinícola nacional.
Joan Juvé afronta la cuestión con la serenidad de quien argumenta desde la tierra y no desde el conflicto:”Nosotros hemos defendido la D.O. Cava a capa y espada durante décadas y reconozco los esfuerzos realizados por prestigiar las categorías de guarda. Pero para nosotros había un elemento innegociable: la territorialidad. El espumoso premium debe hablar con nitidez de su cuna. Nuestras fincas están en el corazón del Penedés; de nuestras 150 hectáreas obtenemos el 50% de la uva y el resto se lo compramos a viticultores colindantes que comparten nuestra filosofía ecológica. Corpinnat nació para blindar esa identidad de origen estricta, la vinificación en la propiedad y las largas crianzas”.
Lejos de alimentar disputas comerciales, Juvé aboga por la coexistencia madura de ambos modelos: “Esto no debe ser jamás una guerra ni una canibalización. Ambas realidades deben convivir. El Cava representa una dimensión cuantitativa formidable, de más de 200 millones de botellas repartidas por diversas regiones españolas, y tiene su propio camino. En Corpinnat acota un territorio específico con unas exigencias cualitativas rigurosísimas, ahora mismo podemos andar por 6 millones de botellas de las que casi tres las hemos aportado nosotros. Cada propuesta tiene su espacio en el mercado y nosotros seguiremos trabajando por la dignificación del viticultor y la cohesión de todo el sector”.

Primera Botella Juvé Corpinnat
El colofón de la jornada en Gran Canaria no podía ser otro que someter a examen la propia historia líquida de la casa a través de una cata vertical irrepetible del Reserva de la Familia, descorchando añadas que abarcaron desde la reciente cosecha 2022 hasta tesoros que descansaban sobre lías desde 2008.
“Cada año apartamos en la oscuridad de nuestras cavas una reserva de botellas sin degollar para comprobar su evolución con el paso de las décadas”, explica entusiasmado Joan Juvé. “Y los primeros sorprendidos y emocionados seguimos siendo nosotros. El vino está vivo hasta que te lo bebes. Comprobar cómo un espumoso de quince o dieciséis años mantiene una tensión cítrica impecable, una burbuja fundida y una complejidad de frutos secos y panadería sin perder su nervio es una experiencia enológica sublime”.

Cata Vertical

Copas para Cata Vertical
Mientras el cronista suma canas en el oficio, aquel vino concebido en la intimidad familiar para agasajar a los suyos sigue mostrándose en copa con la vitalidad y la frescura de un auténtico chaval. Una prueba irrefutable de que, cuando la tierra se respeta y el tiempo se cuida con paciencia, la felicidad cabe entera en una copa de burbujas.
Si a eso le sumamos que en esta cata vertical de seis añadas diferentes y que todas habían evolucionado de manera distinta, pero siempre apasionante, nos encontramos con un cosecha 2010, año en el que nació mi hija, hace que todo el círculo se cierre para quien les escribe. Juvé & Camps seguirá siendo parte de la cultura de los espumosos en Canarias, seña de identidad, felicidad y calidad cuando levantemos esas copas llenas de burbujas de felicidad.
¡Por 50 años más!

Juvé añada 2010
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